Las plagas de las plantas no siempre son imperceptibles. A veces también se apoderan de ellos insectos grandes, como caracoles y babosas.

La compañía de caracoles y babosas en el jardín es un clásico de la temporada de otoño. Estos moluscos se alimentan de las plantas, tanto de sus hojas y tallos como de sus flores y frutos, lo que hace que el jardín o huerto se vea deslucido y nos quedemos sin nuestro alimento, en el caso de los huertos.

Proliferan con facilidad cuando las condiciones son propicias para ellos, como épocas húmedas y temperaturas medias, por lo que primavera y otoño son épocas en las que podemos verlos más, mientras que en periodos fríos o muy calurosos estarán aletargados.

Los caracoles y las babosas suelen buscar lugares oscuros, frescos y húmedos para refugiarse, salen a alimentarse por la noche y prefieren brotes nuevos y tiernos, aunque también atacan las raíces. Esta es la razón por la que las plántulas y las plantas más jóvenes suelen ser sus principales objetivos.

Los caracoles adultos son hermafroditas (aunque no pueden autofertilizarse) y son capaces de poner alrededor de 100 huevos cada mes.

En otoño, cuando las horas de sol disminuyen junto con las temperaturas y persisten las lluvias, se dan condiciones muy apropiadas para la actividad de caracoles y babosas, que pueden afectar a diversos cultivos de la huerta y plantas de los jardines.

Aun así, con un enfoque agroecológico se pueden implementar varias estrategias y técnicas para reducir sus efectos nocivos.

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Enfoque agroecológico para combatir babosas y caracoles

– Preservar enemigos naturales de caracoles y babosas, como sapos y ranas, tortugas, escarabajos, gallinas, patos y aves, permite regular las poblaciones de caracoles y babosas.

– Utilice riego por goteo y agua temprano en la mañana. De esta forma, se restringen las zonas húmedas donde permanecen babosas y caracoles.

– Asociar plantas que repelen estos moluscos, con plantas aromáticas como el romero, lavanda, mostaza, salvia o plantas ornamentales (geranios, taco reina).

– De igual forma, hay plantas que caracoles y babosas utilizan como refugio o prefieren como alimento (sansiveria, lazos de amor, suculentas, acelgas, remolachas) por lo que es beneficioso observarlas. También es conveniente revisar los lugares más umbríos y húmedos de la huerta, donde suelen refugiarse durante el día. Hay que quitar la tierra en estos lugares porque es donde es más probable que pongan sus huevos, lo que provocará su desecación y es una forma más de controlar esta población.

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– Cuando el ataque es grave, se pueden implementar barreras y trampas para reducir el efecto dañino. Una opción es atraerlos a ciertos lugares y luego recolectarlos manualmente, es posible con cerveza o un preparado de agua, azúcar y levadura en un recipiente enterrado a ras del suelo y tapado con algún objeto para mantenerlo a la sombra durante el día. También puedes empapar un trapo en cerveza o leche y luego recoger los caracoles y las babosas que hayan sido atraídos por él. Controle todos los días, temprano en la mañana o en la noche. Las pieles de patata o de naranja semienterradas también atraen caracoles y babosas, por lo que pueden recogerse en estos lugares.

– Otra estrategia es utilizar barreras que impidan el acceso a las plantas cultivadas, como rodear los cultivos con cinta de cobre durante la época de mayor actividad. También existe la posibilidad de esparcir cenizas, arena, tierra de diatomeas o polvo de cáscara de huevo alrededor de las plantas cultivadas. Esto funcionará mientras permanezcan secos, una vez que esta barrera se moja pierde su efecto.

– Repeler con preparaciones caseras, como un macerado de 4 dientes de ajo machacados en un litro de agua hirviendo. Deje reposar por un día entero, cuele y diluya esta preparación en un litro de agua. Aplicar por pulverización sobre las plantas atacadas.

Conociendo bien a las babosas y caracoles

Es fundamental reconocer el papel de estos moluscos en el ecosistema huerta-jardín, ya que forman parte de la cadena alimentaria de otras especies (aves, reptiles) y su movimiento también contribuye a la vida en el suelo, por lo que su presencia en niveles elevados poblaciones equilibradas es importante.

Analía GOPAR , Omar Alejandro MELIS , Marcelo Ruben REAL ORTELLADO , Edición: Área de Comunicación EEA INTA Anguil

Con información de: http://ecoportal.net

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