Saber exactamente cuándo regar el Aloe Vera es muy fácil si sigues el procedimiento de este tutorial.

El aloe vera es una de las plantas más fáciles de regar ya que tolera muy bien tanto si regamos demasiado como si nos quedamos cortos, pero en casos extremos, cuando el exceso o la falta de riego se prolonga durante varios meses, podemos acabar perjudicándola si no lo hacemos bien.

Por lo general, es recomendable regar el aloe vera aproximadamente una vez por semana, pero esto puede variar mucho según la época del año, la temperatura, la cantidad de luz que recibe o el suelo en el que se planta.

Acertar en el momento adecuado tiene su arte pero si sigues este procedimiento acertarás seguro.

Examinar el estado de la planta.

El aloe vera es una planta de tipo suculenta que tiende a acumular agua en sus hojas y estas se vuelven más gruesas o delgadas dependiendo de la cantidad de agua que contengan. Aplicando esto podemos hacernos una idea muy exacta de las necesidades o excesos de agua.

Para detectarlo, puedes guiarte por el grosor de las hojas en el centro de la planta.

Debemos fijarnos en las hojas del centro de la planta examinando 3 o 4 hojas que tomaremos como referencia.

Las hojas más jóvenes que crecen verticalmente en la parte superior del tronco engañan porque suelen ser algo más gruesas y las hojas más viejas que están más cerca del suelo suelen ser más finas y es más difícil que acumulen agua en su interior.

Por eso nos fijaremos en la forma de las hojas más centrales y seleccionaremos varias para hacer una media del estado más fiable que si nos guiáramos solo por una.

Con la experiencia aprenderemos que algunas hojas engañan e identificaremos mejor aquellas que están más llenas de agua que se ven más espesas y a veces con un verde más claro pero para empezar este método es muy confiable.

Actuar según el estado

Podemos diferenciar entre tres estados por la forma de las hojas y actuaremos de forma diferente según cuál identifiquemos.

Para ayudarte a identificar los diferentes estados de necesidad de agua en la planta por la forma de sus hojas, podemos guiarnos con la siguiente imagen:

Estados de riego en época de calor

  1. Demasiada agua: Las hojas de aloe se ven muy gruesas, con un vientre en la parte superior y en casos extremos pueden volverse casi redondas como las hojas más nuevas de la planta.
  2. En este caso hay que empezar saltándose uno o dos riegos hasta que la planta se desinfle un poco y luego volveremos a regar pero dejando 2 o 3 días más entre riego y riego.
  3. Volveremos a mirar el estado 2 o 3 riegos después para comprobar si todo está perfecto o si hay que ajustar un poco más.
  4. Estado óptimo Cuando la parte superior de la hoja está prácticamente recta y la parte inferior tiene forma redondeada, como en la figura central, nuestra planta se está regando de forma óptima. En este caso, lo estamos haciendo muy bien. Seguiremos regando de la misma forma, pero asegurándonos cada 4 o 5 riegos de que el estado sigue siendo óptimo, ya que la cantidad de agua que necesita puede variar (aunque sea ligeramente) dependiendo de la temperatura, la humedad y la época del año.
  5. Falta de riego: Cuando tienen forma de luna, la parte superior de la hoja tiene una curva hacia adentro como en la figura inferior de la imagen. Estas hojas se ven delgadas por falta de agua y son más débiles y menos rígidas. Si es así, tenemos que regar con más frecuencia, acortando el tiempo entre riegos en 2 o 3 días. Aplicando este cambio volveremos a iniciar el procedimiento desde el principio.

Consecuencias del riego abusivo

La planta comienza llenando de agua las reservas de sus hojas, haciéndolas más gruesas y pesadas, pero no parece perder la salud.

Si se prolonga el exceso de riego, comenzarán los problemas. Al principio la planta parecerá sana, casi más que si la regáramos bien, pero las hojas se tornarán de un verde más claro y las raíces empezarán a pudrirse por el exceso de humedad en la tierra.

Si nos damos cuenta a tiempo y dejamos de regar la planta y dejamos secar la tierra, se recuperará a las 2 o 3 semanas. Nuestro aloe aprovechará sus reservas de agua para sobrevivir mientras crea nuevas raíces con las que alimentarse.

Si el exceso de agua dura demasiado, la planta comenzará a pudrirse por la parte del tronco que queda escondida bajo la tierra. Luego, las hojas comienzan a perder su rigidez y caen para descansar en el suelo. En este punto es muy difícil recuperar la planta y es probable que muera. En algunos casos podemos salvarla si dejamos de regar inmediatamente y tratamos de secar la tierra poniendo la maceta en un lugar bien ventilado.

Si continúa el exceso de humedad en el suelo, las hojas comenzarán a separarse del tronco, que comenzará a pudrirse visiblemente. En este caso, la planta ya no se puede salvar, aunque aún podemos utilizar las hojas que quedan sanas para hacer nuestras cremas o remedios antes de que empiecen a secarse.

Problemas de falta de riego

Los síntomas de la falta de riego en el aloe vera son muy fáciles de ver a simple vista. Lo primero que vemos es que sus hojas pierden volumen y se adelgazan a medida que se agotan las reservas de agua en su interior.

Si seguimos haciendo caso omiso de la planta, comenzará a secarse primero las hojas más viejas, que comenzarán a adelgazarse mucho y a perder su rigidez. Esto se debe a que la planta comienza a recolectar de sus hojas más viejas el agua y los nutrientes que necesita para mantenerse saludable.

Viendo esto, hay que regar cada 2 o 3 días durante una semana o 10 días y la planta se recuperará rápidamente, aunque las hojas viejas que se han dañado demasiado pueden no recuperarse del todo, e incluso pueden secarse por completo.

Si la planta continúa sin regar durante demasiado tiempo, se irá secando poco a poco hasta agotar las reservas de todas sus hojas y acabará muriendo. En cualquier caso, es muy difícil que una planta de aloe muera por falta de agua, ya que puede tardar varios meses en secarse.

Vía: plantas23